Nunca me había dado miedo mi casa. No era especialmente grande ni especialmente antigua. Un piso normal, en un edificio normal, en una calle donde lo más inquietante era el eco de algún coche pasando demasiado tarde. Siempre me había parecido un lugar seguro. Previsible. Cerrabas la puerta y el mundo quedaba fuera. Hasta que empezó el zumbido. La primera vez fue tan leve que pensé que lo había imaginado. Estaba medio dormido, con esa sensación pesada del cuerpo hundido en el colchón, cuando lo escuché: un mmmm grave, constante, como si algo vibrara dentro de la pared. Abrí los ojos, molesto, y me quedé en silencio. Nada. El sonido había desaparecido. Me giré, miré la hora en el móvil: 3:17. Demasiado tarde para pensar con claridad. Demasiado temprano para levantarse. Cerré los ojos otra vez y me convencí de que había sido un electrodoméstico, una tubería, cualquier cosa que tuviera sentido. Pero volvió. Esta vez más claro. MMMMMMMM. No era un sonido que viniera de fuera. No había coche...
Me gusta jugar con fuego, con las letras y la ficción. Si te atreves... también contigo. ¿Te quedas un rato? Blog de terror Nuevas brasas: Todos los miércoles a las 23h.