Hasta el momento había sido mi lugar de pensar. Mi parque favorito. Tenía fuentes, zona infantil y zona de deporte y hasta en su día tenía una cafetería. Así que cuando mi amiga del barrio me dijo de quedar no tuve dudas y quedamos allí. Todo iba bien, estuvimos de charla todo el tiempo, hasta se nos hizo de noche. Tanto que parecía que nos hubiéramos quedado a solas. –¡Las dos de la mañana!. Jo tío, que yo mañana tengo que madrugar–le fastidiaba tener que despedirse de mí, lo notaba. Pero yo no quería ser el motivo por el que mañana no pudiese con su alma, así que emprendimos el camino de vuelta. Solo que... Ya no podíamos volver. Al menos no hasta la mañana siguiente. Nos habíamos quedado encerrados. –Pero si estábamos en medio del parque ¿Es que aquí nadie revisa si hay alguien antes de cerrar?–Estaba indignado la verdad. Hubiéramos saltado pero no eran vallas lo que rodeaba el parque, si no muros. De hecho probablemente se hizo en su día para que no saltasen a dentro cuando estuvie...
Me gusta jugar con fuego, con las letras y la ficción. Si te atreves... también contigo. ¿Te quedas un rato? Blog de terror Nuevas brasas: Todos los miércoles a las 23h.