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Mostrando entradas de febrero, 2026

Ruido blanco

Siempre he dormido con ruido blanco. No por gusto, sino por necesidad. El silencio absoluto me pone nervioso. Demasiado espacio para pensar. Demasiado espacio para escuchar cosas que no deberían existir. Así que desde hace años dejo un altavoz encendido toda la noche: lluvia, estática, ventilador… cualquier sonido constante que llene el vacío. Nunca pasó nada. Hasta hace tres noches. Me desperté a las 4:12 de la madrugada. No fue un ruido lo que me despertó. Fue la ausencia de él. El altavoz estaba en silencio. Pensé que se había apagado o que se había ido la luz. Pero cuando abrí los ojos, vi la luz azul del dispositivo encendida. Funcionaba. Solo que no emitía sonido. Me incorporé en la cama para comprobarlo… y entonces volvió. Pero no era el mismo ruido. La estática sonaba… irregular. Como si alguien estuviera respirando dentro. Un patrón húmedo, orgánico, escondido bajo el siseo electrónico. Me quedé escuchando. Intentando convencerme de que era mi imaginación. Hasta que lo oí. Un ...

Solo si no miras…

Era una tarde de viernes y al fin había quedado en el piso de unas compañeras de universidad. Hacía mucho que queríamos quedar en grupo pero no podíamos por exámenes. Llegué a la dirección que me indicaba el chat del grupo y piqué al timbre. –¡Hooola!– dijo una voz familiar desde el interfono–Es el sexto pero tienes que entrar bailando o si no, no te abrimos– dijo la misma voz entre risas. Subí la rampa y atravesé el amplio umbral y pulsé para pillar el ascensor. Oí al entrar: “Si se detiene entre pisos, no mires atrás.” Sonreí por inercia. Alguna broma de vecinos. El edificio tenía ese aire antiguo donde siempre parecía haber alguien observando desde las rendijas de las puertas, así que no me sorprendía. Pulsé el 6. Las puertas se cerraron con un golpe metálico seco y el ascensor empezó a subir con su traqueteo habitual. Primer piso. Segundo. Tercero. Entre el cuarto y el quinto… se detuvo. No fue una parada brusca. Más bien como si algo hubiese decidido que hasta ahí llegaba el movim...

Sin salida

Después del trabajo nos tomamos un par de birras ya sin los uniformes en el bar del Kipi. Era noche cerrada pero estábamos tan agotados como activos. Había sido un turno duro. No paraban de llegar casos con síntomas que a todos nos recordaban aquella dichosa pandemia mundial. De hecho todos llevábamos ropa de paisano porque los uniformes debían pasar un lavado técnico exhaustivo, por si acaso. Por eso, Kipi quitó la televisión cuando empezaron a surgir titulares dramáticos sobre aquella enfermedad en el canal de 24h. Estábamos de cervezas después del curro pero había una tensión que se podía masticar. Era como si todos tuviéramos la cabeza en otro lugar. Despedí a Mora en el callejón de su casa y continué en dirección a la mía. No me quitaba de la cabeza el tema que estaban comentando en el bar: Aquél virus que decían que se había erradicado, pero que después de aquél turno, ninguno nos hubiéramos creído. Era una enfermedad terriblemente fea que te hacía tener un hambre insaciable y de...

A mí lado

Era viernes y había terminado mi primera semana como profesor en el conservatorio de mi pueblo. Nos habíamos quedado a tomar algo en la cafetería unos cuantos colegas y yo. Cuando volvía al coche, una mujer que no había visto antes se acercó y me preguntó por un focus rojo con matrícula 0402 GPL. Parecía afligida y desorientada. Me llamó la atención que las letras coincidieran con mis iniciales, pero no le dí importancia. –Fords he visto unos cuantos pero Focus rojo, creo que ninguno–conteste distraído mirando alrededor como para corroborar.–¿Quieres que te ayude a buscar…–al girarme para mirarla ya no estaba–…lo–Podría haberse despedido pero en fin. El siguiente lunes cuando acababa de dar clase ví la misma mujer de pelo lacio y oscuro al final de mi clase. Cuando recogía todo. Despedí a mis últimos alumnos rezagados después de cruzar miradas y sonreirle, sin embargo al volverme, también se había ido. Fruncí el ceño. De nuevo me hubiera gustado despedirme al menos. Al cerrar mis cosas...