El sistema no se equivoca. Eso fue lo primero que nos enseñaron. Ni una coma fuera de lugar, ni una palabra mal escrita, ni una imagen corrupta. Todo lo que llegaba al usuario había pasado por más filtros de los que una mente humana podría comprender. Por eso existíamos nosotros. No para corregir errores… sino para confirmar que no estaban.
Mi turno empezaba a las 03:00. Hora perfecta para que nada pasara.
Toma de huella. Autenticación retinal. Pulso estable.
—Operador 6-14, acceso concedido.
A las 3:17 me llegó un archivo.
Texto plano. Fondo negro. Sin formato. “NO MIRES ATRÁS”
Fruncí el ceño. No por el mensaje. Por la etiqueta.
[Contenido aprobado]
¿Cómo es que esto era contenido aprobado?. Lo mandé a revisión y escribí el correspondiente informe.
A las 6:17 volvió a aparecerme el mismo archivo.
Extrañado, lo notifiqué a mí superior.
Al día siguiente a las 3:17 me apareció el mismo archivo.De nuevo era contenido aprobado. Este archivo era un poco diferente. Tenía una raya justo debajo de la última palabra.
Acerqué la imagen.
"Tienes tres horas, 6-14".
Mi pulso se aceleró.
Me dije que debía de ser una broma. Pero no comprendía porque no había saltado el protocolo de seguridad del personal.
Como tenía el pulso acelerado, tardé un buen rato en que la IA me pudiera identificar y me dejase salir al rellano para tomar el aire.
Cuando volví a entrar, no estaba sólo.
Debería estarlo. Pero no lo estaba.
Había algo. No veía a nadie. Pero lo sentía.
Lo atribuí al cansancio y me repetí que debía acabar mi trabajo por el que me pagaban.
Volví al trabajo.
A las 6:17. Otro archivo. Mismo fondo. Mismas letras.
"MIRASTE".
Justo unos segundos después de abrirlo, una carcajada inundó la estancia.
Me sobresalté.
–Muy gracioso –ironicé para mí sólo, frunciendo el ceño y enfadado con quien fuese que había construido esa bromita con un poco de mala leche.
Lo reproduje de nuevo para ver las fuentes.
Pero ... Está vez no hubo risa.
Miré mejor.
El archivo carecía de sonido.
No. Pero no podía ser.
Miré a mí alrededor sintiéndome ridículo.
–Anda ya–dije para mí.
«¿Anda ya?».
Juro que quedé más inmóvil que en mi vida.
Giré lentamente mi cuerpo. No quería corroborar que hubiera alguien.
El sistema nunca falla. La identificación y la seguridad no permiten la entrada de dos usuarios distintos en el mismo lugar de trabajo. ¿Cómo había entrado?.
–Como tú, contigo–la misma voz que acababa de oír.
Un escalofrío me recorrió de arriba abajo.
Miré detrás. Miré alrededor. Miré delante. Nada.
No ví nada.
Esto solo podía significar que estaba perdiendo realmente la cabeza.
El sistema empezó a exigir mi atención.
Varios archivos en tropel llegaron. Los gestioné a tiempo pero con prisas. A penas terminaba uno, ya tenía el siguiente en cola.
"TE DIJE QUE NO MIRASES"
"MIRASTE"
"ESTOY CONTIGO"
"VAMOS A DIVERTIRNOS"
El pero fué el último.
No tenía texto.
Tenía una cámara.
Al principio no reconocí el lugar.
Luego me dí cuenta.
Era yo. Desde arriba. Miré arriba.
Un objetivo con un LED rojo me apuntaba.
Al volver la vista a la pantalla, me horroricé.
Una sombra, alta, desgarbada, con sombrero, con una sonrisa inquietante, me acechaba detrás de mí.
Al girar sobresaltado, no ví nada.
Mi pulso martilleaba en mis oídos. Mi mente iba demasiado rápido. Tenía la garganta demasiado seca.
Quise concentrarme en que debía ser una broma de mal gusto.
Deseaba que no fuera un acosador loco. Igualmente ¿Cómo había engañado al sistema?.
Podría haber seguido fingiendo que era algo tangible. Una persona. Una con mala leche.
Pero cuando volví a mirar mi escritorio…tenía un vaso de agua.
Nunca. Jamás. Había traído agua allí.
Aún menos en vaso.
Me atraganté al respirar del susto.
Al mirar la pantalla…ya no estaba.
Ni los archivos. Ni la cámara. Miré buscando el objetivo.
Tampoco estaba.
¿Estaba sufriendo episodios de alguna enfermedad mental?
Empecé a sentir verdadero terror por esto último.
Miré el vaso de agua.
Seguía allí. Como prueba irrefutable de que había pasado.
No estaba seguro en aquél lugar. Quise salir pero la IA solo me denegaba la identificación por mi pulso.
Al día siguiente me concedieron la notificación y me trasladaron urgentemente a otro puesto. Mismas funciones pero en otro lugar de la nave.
Esto me tranquilizaba.
Al sentarme ví las normas de cuidados a las maquinas en una familiar señal. En ella rezaba lo de dejar objetos mojados, continentes de líquido y otros peligros de cortocircuito fuera de la cabina.
Pasaron dos semanas.
Al llegar a mi nuevo lugar el siguiente lunes, volví a recibir el mismo archivo. Mismas letras. Mismo fondo. Sin sonido.
"MÍRAME".
Al volver a casa, pensé en dejar ese trabajo. Estaba convencido de que si el sistema no podía fallar, entonces era yo el que estaba empezando a hacerlo.
Fuí a lavarme los dientes.
Cuando estaba poniendo la pasta en el cepillo, mi reflejo tuvo un bruco escalofrío.
Luego lo tuve yo.
Miré lentamente el espejo. Con un nudo en la garganta y un temblor en las manos.
Me miré a los ojos atentamente a través del espejo.
Entonces pude verlo.
Una sonrisa.
Una macabra.
Juro que tenía mis labios apretados, pero mi reflejo sonreía.
Miré mi mano derecha por el espejo intentando encontrar pruebas que evitarán que perdiera el juicio al completo.
–No–
No había, cepillo.
Me miré la mano. Tenía el cepillo con la pasta puesta en mi mano derecha.
Mi reflejo no lo tenía.
Volví a mirarme.
Todo normal.
Suspiré un rato tratando de recuperar el control.
Me metí el cepillo de dientes en la boca con un ligero temblor de labios tratando de pensar que debía ser todo muchísimo cansancio acumulado.
Cuando tenía la boca ocupada con el cepillo de dientes, mi reflejo me guiñó un ojo con un brillo muy inquietante en la mirada.
Y entonces lo oí.
Una carcajada.
Detrás de mí.
Me giré rápidamente. Otra carcajada.
Pero no había nadie.
Era esa carcajada. La misma. La de mi oficina de siempre.
Terminé pronto para meterme en cama antes de tener alucinaciones peores.
Al dejar el móvil en la mesita, mi mesita tenía…un vaso de agua.
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